CAPITULO 13: "La mentira tiene las patas muy cortas"
Por Pedro Galán
Por Alejandro García Galán
La FEPET (Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo), en la que se encuentra incardinada APETEX (Asociación de Periodistas y Escritores de Turismo de Extremadura), ha celebrado recientemente su congreso internacional correspondiente a 2013 en Puerto Rico (Mayagüez y San Juan). Representando a la Asociación extremeña han asistido Antonio Bueno, Diego Caballo -con sus respectivas esposas, Encarna y Mari Carmen- y el autor de estas líneas. Para encabezar esta crónica viajera me viene a la mente mi primer conocimiento caribeño de la isla a través de una película que vimos en los comienzos de los años 60, "West Side Story", pero que los responsables del film en el mundo hispano tradujeron por "Amor sin Barreras". Se trataba de un apasionante drama musical, posiblemente el primero del que tengo recuerdo, y cuyo protagonismo correspondía a la sociedad puertorriqueña en Nueva York, enfrentada a la italo-norteamericana, donde el amor y la tragedia se entremezclaban profundamente. Rita Moreno y Natalie Wood representaban las dos máximas figuras femeninas de ambas comunidades en el film; Russ Tamblyn, George Chakiris y Richard Beymer, eran los referentes masculinos, todos rodeados de un elenco excepcional de grandes actores, y cuya codirección correspondió a Robert Wise. Desde aquel momento se me quedó grabado en el cerebro la frase "Puerto Rico, mi adorado", correspondiente a una de las bellísimas canciones que en la película se interpretaban; de ahí este encabezamiento.
Vengo evidentemente entusiasmado de la isla conocida también con el apelativo Estrella, de su paisaje, su exuberante vegetación y sus gentes, en la que todavía el sello de España, la Madre Patria como muchos recordaban, está muy presente, comenzando por la lengua común. Han sido ciertamente unos días muy intensos, pero bien aprovechados por los 45 compañeros que hasta el Caribe nos desplazamos, y salvo los "incómodos enredos" en los que nos vimos envueltos a la ida en la escala del aeropuerto de Filadelfia, por lo demás todo fueron satisfacciones generalizadas a mi entender.
Tras la desagradable "movida" del aeropuerto de la capital de Pensilvania, donde fuimos vejados, tomamos de nuevo el avión con dirección a San Juan, aeropuerto Luis Muñoz Marín, que toma el nombre del personaje que, siendo Gobernador de Puerto Rico, firmó en 1952, junto a los Estados Unidos, el estatuto por el que se creaba el actual Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Al llegar a la capital puertorriqueña nos esperaba una guagua (autocar) que nos trasladaría hasta el hotel resort en Mayagüez, donde nos hospedaríamos, en la costa occidental de la isla, ciudad de 100.000 habitantes, conocida también como La Sultana del Caribe -que será capital de la cultura americana en 2015- y primer lugar por donde, según la tradición, se descubrió la isla de Borinquen, llamada por los españoles Puerto Rico. La primera jornada de estancia -o estadía como ellos dicen- en la ciudad, la dedicamos a visitar el zoológico mayagüezano o yagüés, donde conviven en plena naturaleza los más de 600 animales de diferentes especies aquí acogidos, la mayoría exóticos para nosotros en España, entre otros el oso americano; la serpiente alsofi; la cotorra puertorriqueña -a la que no se puede molestar dado su fácil estresamiento-; el múcaro sabanero, también puertorriqueño; el águila calva procedente de los EEUU, sólo presente en Puerto Rico fuera de Norteamérica, emblema como se sabe del escudo estadounidense; el cóndor de los Andes; o la elefanta africana Mundy, con 31 años, que requiere de unos cuidados muy especiales. También contemplamos diversas plantas representativas de la isla, llamando nuestra atención especialmente el higüero, árbol cuya fruta, la higüera, es de un notable espesor, recordándonos su volumen a un melón, capaz de descalabrar a cualquier descuidado que por debajo del árbol pase; y pudiendo ser aprovechado el cuenco de su corteza para tomar café u otras bebidas. Abundan asimismo árboles en que sus raíces son sumamente someras y a su vez extensas en derredor del tronco al que se abrazan y sostienen formando un solo cuerpo. La visita al zoológico la realizamos guiados por la palabra sabia de Marisel Mora González, guía oficial de este recinto durante años y esposa del alcalde de la ciudad de Mayagüez, honorable José Guillermo Rodríguez, porque "quiero seguir trabajando en mi profesión y no depender de los míos", como nos manifestó.
Concluida la visita al zoológico, nos trasladamos hasta el complejo museístico y bibliotecario "Eugenio María de Hostos", presidido por un espléndido bronce del personaje, ubicado en la antigua hacienda del padre de este prócer, ideólogo, político, pedagogo, sociólogo y escritor puertorriqueño y mayagüezano del mismo nombre, bordeando hasta su llegada paisajes montañosos y quebradizos de especial belleza y exuberante vegetación, con estrechas carreteras llenas de curvas y deficiente estado de conservación. Eugenio María nació en 1839 en el barrio (pedanía) de Río Cañas, lejos del centro de la ciudad, en la vivienda de su pudiente progenitor, quien enviaría al hijo a estudiar a España, realizando éste los estudios de bachillerato en Bilbao para trasladarse más tarde hasta Madrid con intención de cursar la carrera de Derecho, que nunca llegaría a concluir. Posteriormente se traslada a la isla para unirse al movimiento de emancipación que consigue su objetivo en 1898, mas con la frustración de verse dominados los puertorriqueños de nuevo por otra potencia colonial extranjera, los Estados Unidos, tras haberse liberado de España. Su muerte acaeció en 1903 con el dolor de no ver su patria libre como era su deseo. La esclavitud en la isla se había suprimido en 1873.
Por la noche nos acercamos hasta el centro de la ciudad de Mayagüez, la plaza del Almirante Cristóbal Colón, presidida por la estatua del descubridor del Nuevo Mundo, para celebrar la Iniciación de la Navidad, frente a la Casa Consistorial o Alcaldía por un lado, y la catedral de Nuestra Señora de la Candelaria del otro. Hubo discursos en torno a la Navidad -Puerto Rico celebra la Navidad tal vez más larga del mundo, ya que comienza a principios de diciembre y termina a mediados de enero- con la interpretación de los himnos de Estados Unidos, Puerto Rico y Mayagüez, e intervenciones civiles de representantes del municipio y de las iglesias católica y presbiteriana, más ostras bellísimas actuaciones de bailes nativos y cantos populares de villancicos, parrandas, aguinaldos, plenas…, que hicieron las delicias de los asistentes al acto. La manifestación de luz y sonido final, simplemente espectacular. Observamos como el escudo de Mayagüez, que adorna el interior de la Alcaldía, recoge el popular mensaje de "A Castilla y León Nuevo Mundo dio Colón", coronado por un castillo -del reino de Castilla-, al igual que sucedería más tarde contemplando los escudos de las otras poblaciones de la región Porta del Sol (Oeste de Puerto Rico). Los mayagüezanos tienen asimismo a gala considerar, como hemos señalado, que el almirante Cristóbal Colón descubrió la isla de Puerto Rico por este lugar en 1493, en su segundo viaje, tomando el nombre taíno, Mayagüez, como lugar abundante en aguas. Al hilo de esto recordemos algunas palabras heredadas del arahuaco, lengua de los taínos, recogidas y usadas hoy en la lengua común española: tabaco, canoa, hamaca, piragua, barbacoa, sabana o huracán.
Recorrido por el Occidente de la isla
Los días siguientes, y tomando siempre el resort yagüés como punto de partida, nos acercamos hasta el norte de la isla, concretamente hasta Quebradillas para ver más tarde las amplias cavernas (cuevas) de estalactitas y estalagmitas del río Camuy. Aparte de recorrer las cuevas, que ellos llaman cavernas, de la mano del afable y simpático guía señor Morales, de origen canario -como tantos y tantos puertorriqueños-, pudimos conocer sobre la marcha otras palabras de nuestra rica y variada lengua con términos propios como "haler" por empujar, "pietaje" por montaje o trabajo de campo, "zafacón" por contenedor, o enterarnos de que el término "bicho", en el lenguaje coloquial puertorriqueño, tiene prohibido su pronunciación, por asociar este humilde término con el órgano genital masculino.
Tras comer con las autoridades locales de Quebradillas, nuestra siguiente visita sería en Isabela, pueblo desde 1750, edificado sobre las ruinas de la ermita franciscana de San Antonio de la Tuna (1725), dejando atrás en el camino la cabeza esculpida en roca del valiente cacique Mabodamaca, que hizo frente a los españoles en la conquista. Hoy se encuentra su pasado recogido en un interesante museo local. En el mismo pude observar en un panel relacionado con la creación de poblaciones puertorriqueñas, el nombre de Cáparra, primer nombre que recibió la actual San Juan, y que Ponce de León, conquistador y primer Gobernador de la isla, llamó Puerto Rico (después, Puerto Rico pasó a llamarse la isla y San Juan su capital. Colón había nominado primeramente la isla como San Juan Bautista). Lo de Cáparra, como extremeño, llamó poderosamente mi atención, como asimismo me lo llamaría el nombre de otro Lares español, recordando nuestra sierra extremeña y villa de Esparragosa, evocando el de la isla el reconocido históricamente como "Grito de Lares" (1868), origen del comienzo de la emancipación puertorriqueña de la Madre Patria.
Al siguiente día salimos directamente hacia Sabana Grande, adonde llegamos siendo recibidos por un colorista grupo folklórico y grandes atenciones por parte de las autoridades locales, como sucedió siempre desde el primer día de nuestra llegada a la isla hasta la salida de la misma. Sin duda, lo más significativo de esta población fue la visita al Barrio Rincón donde es creencia generalizada de que la Virgen María se apareció a tres niños junto a un pozo en 1953. Aquellos tres niños aún viven y desde aquel momento se venera la imagen de Nuestra Señora del Rosario del Pozo, con aspiración de turismo religioso, y todo lo que esto conlleva. Tras la comida, acompañados del alcalde, partimos hacia Hormigueros en donde visitamos una centenaria y rica hacienda colonial actualmente en manos de descendientes italo-catalanes. La siguiente parada sería en el mismo núcleo poblacional, recalando en el santuario de la Virgen de Monserrate, con reminiscencias coloniales catalano-alicantinas.
San Germán, segunda ciudad fundada en la isla por los españoles, hoy con 37.000 habitantes, sería nuestra siguiente partida al día siguiente. Y a bien que la arquitectura que contemplamos recuerda muchas ciudades del sur de España, andaluzas o extremeñas. Tras rendir visita al legado de la casa-museo Aurelio Tió, de recuerdos suntuosos, tanto civiles como religiosos, de esta pudiente familia local, hoy transformada en Universidad Interamericana, nos acercamos hasta la interesante y coqueta iglesia de Porta Coelli, construida en sus orígenes en madera, edificada como ermita en 1506 por los frailes dominicos españoles, que dispuso de techo de palma real y columnas de ausubo, árbol tropical caribeño cuyo tronco se usó como columnas, siendo éstas hoy la parte más antigua del templo. Un huracán, en España no se conocían los huracanes, se la llevó por delante y los responsables la restauraron con ladrillos. Se puede contemplar en la actualidad, siendo de gran belleza, con estructura colonial, que bien recuerda a muchas de las sencillas iglesias mudéjares extremeñas o andaluzas, construidas con humildes materiales, que en el siglo XVI fue exportada a América. Su interior, de tres naves, guarda en la actualidad una interesante colección de pintura y escultura tanto peninsular como isleña.
Comimos acompañados del señor alcalde de San Germán, donde no faltó el popular arroz con gandules (variedad de frijoles), y partimos hacia el municipio de Lajas, al barrio (pedanía) de La Parguera. Aquí, tras la degustación de un café de la isla, tomamos un barquichuelo que nos trasladó por uno de los recorridos más hermosos que hemos disfrutado en nuestra vida. Dejando a un lado de la costa las casas construidas sobre el agua, bien asentadas por potentes columnas, nos adentramos en un mar azul caribe, limpio y transparente, lleno de manglares e islotes de paradisíaca belleza. Descendimos en uno de ellos, el Mata la Gata. Éste islote es el resultado de acumulación de miles de corales por siglos y siglos. Concluida tan sugestiva visita, regresamos hasta La Parguera esperando la cena que fue amenizada con un espectáculo musical, a la que asistió el alcalde de la ciudad de Lajas. Más tarde nos esperaría un recorrido por la bahía, recorrido único, dado que se trataba, en la noche, de una visión bioluminiscente sobre la bahía. El barco nos trasladó hasta un espacio donde multitud de pececillos desprendían destellos luminosos de grandísima belleza al contacto con el movimiento del propio barco ó de jóvenes bañistas entrenados para este espectáculo turístico.
Concluyó nuestra estancia en Mayagüez al siguiente día con la Asamblea General de FEPET y sendas ponencias de nuestros compañeros Fernando Fraile, de Cantabria, que nos ilustró con una sesuda exposición sobre "La calidad certificada; eje esencial para el futuro del Turismo" y otra de Guido Calderón, de Ecuador, que versó sobre "El papel de la prensa turística en el desarrollo del Turismo en Latinoamérica", recalcando la importancia del sector en informar y difundir las noticias; también intervino la representante de turismo de Mayagüez, que lo hizo en nombre del honorable alcalde José Guillermo Rodríguez, que tuvo que ausentarse; todas las intervenciones fueron seguidas con sumo interés por los compañeros del viaje así como por los alumnos de turismo locales. Todo el evento transcurrió antes del almuerzo. La tarde fue aprovechada, unos para disfrutar del resort y del hotel, otros nos acercaríamos hasta un extensísimo "moll" (Centro Comercial) para realizar compras, que bien escasean o son más caras en España. Por la noche seríamos obsequiados en las afueras de la ciudad con una excelente barbacoa y la música final en vivo de Los Reyes de la Montaña, con sus villancicos, plenas, aguinaldos y parrandas ("Navidad que vuelve/ llena de alegría (bis)/ borra de mi alma/ la tristeza mía (bis)", unidos a algunos vallenatos colombianos.
Llegada a la capital, el Viejo San Juan
Al día siguiente bien de mañana partimos hacia la capital del país, San Juan, en la guagua que ocupamos durante estos días de estancia. Nuestra llegada hasta el Viejo San Juan sería en la Plaza de Colón, donde se yergue una hermosa estatua de mármol del Almirante, del siglo XIX, que nos recordaba de algún modo la que se encuentra en la plaza del Descubrimiento, en Madrid. Tras breve parada, tomamos el camino del Fuerte o Castillo de San Cristóbal. Éste es una imponente fortaleza de 1634 con 5 niveles para defensa de la ciudad y muralla y 7 Km. de largo, con revellines, troneras, aspilleras y garitas de vigilancia y autodefensa del pasado español y dedicados hoy al turismo. Pudimos asimismo contemplar las barracas o viviendas de los soldados destinados en la isla y en una de ellas observar una pintada de protesta de época con las palabras "mierda" y "capitán".
Tras ligero recorrido por el recinto, nos adentramos por algunas calles del viejo San Juan, para mí con tanto parecido a Cádiz, contemplando la fachada de la casa del primer gran pintor que nació en Puerto Rico, José Campeche, para llegar más tarde hasta la iglesia de San José, en la que aún se conserva la primera pintura que se realizó en una iglesia de América, en cuyo suelo estuvieron enterrados los restos de Juan Ponce de León, hasta principios del siglo XX que fueron llevados a la catedral; próximos a San José se encuentran la casa en la que nació la madre de Pablo Casals y el Museo de las Américas, situado donde en tiempos coloniales sirvió de cuartel de infantería, el Cuartel de Ballajá. A continuación, divisaríamos el mundialmente reconocido El Morro de San Felipe, icono del Viejo San Juan y de Puerto Rico, al fondo, para pasar a continuación junto a las Torres Australes, residencia oficial de todos los gobernadores que ha habido en Puerto Rico desde el siglo XVI hasta nuestros días, y la Puerta de San Juan (de 1749), última puerta construida, antes de avistar y visitar la catedral primada del país, dedicada, como es natural, a San Juan (el Bautista). Esta suntuosa catedral, la segunda más antigua de América, del siglo XVI, incluida una capilla neogótica, guarda en la actualidad los restos del primer Gobernador de Puerto Rico, Ponce de León, como hemos apuntado, así, los del primer obispo que fue hasta América en 1521, Alfonso Manso.
A continuación comeríamos copiosamente en un viejo convento femenino del siglo XVII, hoy llamado así, El Convento, un complejo de hotel y restaurante, junto a la propia catedral. Después de la comida, nos dimos un paseo por el centro del Viejo San Juan recorriendo las calles aledañas a Fortaleza para adquirir algunos recuerdos de la isla. Marchamos más tarde hasta el hotel resort Gran Meliá, un espléndido complejo turístico español, tras un largo recorrido, donde nos hospedaríamos esta noche. Al siguiente día nos dividimos; unos compañeros optaron por pasar el día en los magníficos relax, incluida la playa, junto al resort, y otros, cogimos un taxi que nos trasladaría hasta El Morro. Aquí cada cual siguió su voluntad tomando la determinación que quiso. Yo opté primeramente por una visita minuciosa al recinto amurallado del reconocido Morro. A la entrada, en la parte superior del dintel de la puerta principal se podía contemplar un estupendo escudo de mármol blanco de los últimos Borbones del siglo XIX. Y próxima a la entrada, encontramos una sencilla capilla con una espléndida pintura dedicada a la Virgen de los Navegantes; continué por el recorrido que conforman los 6 niveles del Castillo contemplando unas preciosas panorámicas de la bahía de San Juan y la isla de Cabras, a su entrada, donde se ubica el fortín de San Juan de la Cruz, conocido como El Cañuelo. Ya saliendo de San Felipe me acerqué hasta el cementerio de Santa María Magdalena de Pazzis, sobre una ladera frente al Océano, con lujosos panteones de personajes ilustres de la isla. Aquí pregunté por la tumba de Pablo Casals y se me contestó que estaba enterrado en otro cementerio distinto de la ciudad.
Seguí bordeando la ciudad amurallada recabando en un conjunto escultórico moderno conocido como La Rogativa. Se cuenta que en 1797 en uno de los muchos asedios a que fue sometido el Viejo San Juan por los ingleses -también lo harían en otras ocasiones holandeses, franceses y daneses-, las mujeres de la ciudad junto a su obispo, se encomendaron a Santa Úrsula y las once mil vírgenes; las tropas inglesas se retiraron del sitio y el hecho se interpretó como un milagro, que más de dos siglos después aún se recuerda.
Entré en un restaurante junto a la calle Fortaleza donde comí "bacalao a la bilbaína", para más tarde acercarme hasta la bahía, a la oficina de Turismo de Puerto Rico, ubicada en la antigua Cárcel de la Princesa, en el Paseo del mismo nombre. Como curiosidad, se conservan cuatro antiguas y pequeñísimas celdas de castigo para los soldados, que usaron en tiempos de la colonia como después los norteamericanos, hasta época reciente. En su fachada aún se puede leer una placa que dice así: "Reinando S.M. Doña Isabel II y gobernando esta isla el Exmo. Sr. Tte. Gener. D. Fernando de Norzagaray se edificó la torre y se colocó el reloj. 1854". Apenas me quedó tiempo para visitar unas conocidísimas destilerías de ron y tomar café antes de llegar hasta la Plaza de Colón donde nos aguardaba a los componentes de la mañana el mismo taxi que habíamos tomado a la ida al Viejo San Juan. Ya en el lujosísimo hotel resort nos ofrecieron una opípara cena ante las múltiples atenciones de los representantes del hotel y empleados del restaurante. Teníamos que ir relativamente pronto a nuestras habitaciones ya que al día siguiente muy de mañana partíamos en avión camino de Barajas, haciendo escala de nuevo en Filadelfia. En esta ocasión los empleados del aeropuerto no nos crearon ningún problema. Y tras un largo vuelo y marcados por el sueño, nos sumergimos bien de mañana en el conocido ritmo, propio de la gran ciudad, Madrid. Habíamos llegado cansados, pero felices.
Otro Decretazo de la Alcaldía de Peñalsordo, suma y sigue, como medio de gobierno imperativo al margen de la ley.
Es obvio, y no merece discusión que la decisión de nombrar a los cargos dentro de la Entidad Local, ha correspondido siempre al Pleno, hasta el propio alcalde y sus órdenes delegadas son nombradas por el Pleno.
Aquí en Peñalsordo no funciona así. El alcalde a golpe de decreto, se atreve a cesar y nombrar los cargos a su antojo, o a su orgullo, o a su capricho. No sabemos de quién se aconseja o si realmente se aconseja de alguien. Porque ya sabemos que su "sapientia nulla est" en esta materia , y así se auto-
Esta mañana me ha sorprendido la noticia publicada en varios diarios de ámbito nacional, sobre la denuncia que ha interpuesto el juez decano de Puertollano, Luis Sánchez de Tejada, contra su ex-mujer, la magistrada Esther Sara Vila, titular del Juzgado de lo Mercantil de Badajoz. A su vez, ella le denuncia a él por violencia psicológica.
Hubiera sido una noticia más, curiosa para los medios, pero el trasfondo de lo que allí se expone sí que me afecta personalmente y les afecta a todos los socios de Asociación Berrocal y Piedrasanta de Peñalsordo en el litigio que tenemos en concurso de acredores nº 213/2012 frente a la concursada Monteros de Casta SL, y que se viene desarrollando en el Juzgado de lo Mercantil de Badajoz siendo magistrada Esther Sara.
Según se recoge en los medios, tras un informe de una agencia de detectives, la base de la denuncia surge de la relación sentimental de la magistrada con un abogado de Badajoz que ejerce como administrador de empresas que entran en concurso, Juan Díaz-Ambrona Cancho.
Aquí saltan las alarmas. ¿Saben quien es este abogado?. Casualidades de la vida o no tan casualidad, es el abogado que defendió a Monteros de Casta SL y Antonio Bueno Bosch en el concurso nº 213/2012, y que Asociación Berrocal y Piedrasanta de Peñalsordo actúa como demandada. De aquella experiencia, aún en litigio, en la que se observaba la connivencia (algo más que enchufismo) de la parte contraria en el desarrollo del proceso y especialmente de la vista oral, a quien se les facilitó todo tipo de recursos e irregularidades habidas y por haber para conseguir alguno de sus fines ya no me sorprende nada que tras esa sentencia se hayan tenido en cuenta no solo los argumentos que verdaderamente importan en justicia, sino algunos privilegios más, en este caso por vía de faldas. Que por cierto, ya estamos acostumbrados a ver en la "escopeta nacional", y que tanto repugnan a los ciudadanos de a pie, normalmente víctimas de la injusticia del poder.
Debo decir que, pese a todo, Asociación Berrocal y Piedrasanta de Peñalsordo no ha sido excesivamente maltratada por esta Juez, únicamente no le reconoce porque no le ha permitido probarlo, una serie de daños y perjuicios frente a Monteros de Casta S.L. El resto es una victoria para nosotros, ya que reconoce buena fe en la resolución del contrato con esta empresa Monteros de Casta, quien no pagaba la renta cinegética cuando llegó su momento, a pesar de que les renueva una opción de recuperar el contrato resuelto, previo pago y en las condiciones establecidas hasta su finalización el año 2014. Cuestión ésta que está en fase aclaratoria.
Es decir, podemos darnos con un canto en los dientes a pesar de todo y después de todas las irregularidades absolutamente denunciables y que motivarían la nulidad absoluta de lo actuado hasta ahora.
Me siento obligado a dar mi opinión sobre la noticia y la relación tan estrecha que tiene con los intereses de muchos vecinos de Peñalsordo y Garlitos, para salir al paso además de todos aquellos que han usado este litigio como enfrentamiento personal contra el administrador de Berrocal y Piedrasanta y que todos conocéis, a los que se han sumado últimamente el poder político local y el militar, y demás adláteres, cuyo nexo de unión es y ha sido siempre joder al administrador aunque pierda la sociedad, sin que lo hayan conseguido aún.
Me huele a prevaricación pura y dura.
El desembalse se realizará a partir de las 10:00 horas de mañana abriendo las compuertas de la presa de dos en dos durante aproximadamente 24 horas para evacuar un volumen de unos 40 hectómetros cúbicos desde el embalse de La Serena al embalse del Zújar, según informa en una nota este organismo dependiente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.
Este embalse situado sobre el cauce del río Zújar, que es el principal afluente del Guadiana, acumula un volumen de agua de 3.046,4 hectómetros cúbicos, con lo que se encuentra al 94,6 por ciento de su capacidad, según los datos de la CHG a fecha de ayer lunes 25 de marzo.
Este desembalse "interno" se realizará mediante el aprovechamiento del "hueco" creado previamente en este último mediante los turbinados que se vienen realizando desde días pasados.
Con esta operación se aumentará el "resguardo" en el embalse de La Serena ante las previsibles próximas lluvias, por lo que "no se prevén incidencias aguas abajo del embalse del Zújar", según la CHG.
Por Alejandro García Galán
Chillón, en donde está ubicado el ruinoso caserío de Las Cábilas, con la aldea de Los Palacios de Guadalmez o simplemente Guadalmez, fue un municipio perteneciente hasta 1833 al llamado por entonces Reino de Córdoba, cuando el motrileño Javier de Burgos divide España en provincias, por Real Decreto del 30 de noviembre de ese mismo año, en las provincias actuales, salvo el caso de Las Palmas -que se crea en 1927 con Primo de Rivera-, en ese momento se incluye Chillón con su aldea en la recién creada provincia civil de Ciudad Real. (En 1927 la aldea de Guadalmez alcanza el título de villa independiente de Chillón). Hasta aquel año, 1833, el término municipal de Chillón formaba como una especie de cuña incrustado por un lado entre la provincia de La Mancha, con Almadén como localidad más próxima; por otro lado con la provincia de Extremadura -más concretamente la Baja Extremadura-, que pasará a nominarse a partir de esa fecha provincia de Badajoz, con las poblaciones más cercanas de Capilla y Peñalsordo; y por último, su limitación con otro término municipal del propio Reino de Córdoba, el de Santa Eufemia, que pasará a llamarse ese mismo año provincia de Córdoba.
Si hacemos esta sencilla descripción geográfico-histórica es por situar al curioso lector que se acerque al conocimiento de un territorio sumamente rural y agreste en el que hoy en día se conservan las derruidas casillas, que un día fueron habitadas por unas 20 familias, casi todas de "el Pueblo" como sinónimo de Peñalsordo, entre las que se encontraba la mía; que en la actualidad tan sólo son ruinas desperdigadas donde crecen eriazos y en las que no hace tantos lustros existió una vida muy activa e intensa, de la que yo mismo formé parte durante 6 años (1950-1956) conservando recuerdos, sí, imborrables, de aquel tiempo, propios de un chaval de entre 8 y 14 años que es cuando el ser humano "despierta" a la vida.
Mis primeros años de infancia en Peñalsordo, Las Alisedas y El Peralejo (Chillón)
Mis primeros 5 años transcurrieron íntegramente en el pueblo donde nací, Peñalsordo, en la Baja Extremadura (Badajoz). Con esa edad me llevaron a vivir por cortas temporadas hasta una finca del término municipal de Chillón (Ciudad Real), conocida con el nombre de Las Alisedas de Arriba, rodeado de personas dedicadas en su totalidad al cultivo de cereales de secano (cebada, avena y trigo) y al ganado, todas ellas como arrendatarios. La finca, a la sazón, pertenecía a la viuda de don Juan Nieto (rico terrateniente natural de Talarrubias), quien pasaba sus días entre la propia finca, con una espaciosa y hermosa casa blanca de dos plantas, y su confortable vivienda de Almadén. Muchas de aquellas personas allí asentadas eran próximas entre sí y a mi familia; bien por parentesco, bien por orígenes peñalsordeños. En Las Alisedas permanecimos, si bien no continuos, aproximadamente 3 años; más tarde, mi padre siguió algunos más cultivando aquellos campos arrendados de secano, pero este trabajo se simultaneaba con los terrenos propios de El Peralejo y del "Pueblo". Cuando ya había sobrepasado los 7 años, mis padres optan por trasladarse de finca al haber comprado anteriormente (1947) unas acciones o participaciones, y ser por tanto copropietarios, en el otro extremo del mismo término municipal de Chillón. Esta otra finca recibía y recibe el nombre de Peralejo de Arriba o de Chillón, ya que existe otra gran dehesa con el mismo nombre y que se conoce con el apelativo de Peralejo de Abajo o de Guadalmez, por estar ubicada en jurisdicción de este pueblo. Ambas fincas son colindantes y en origen pertenecieron a una misma familia procedente de Talarrubias pero con casa también en Chillón, los Márquez de Prado. Los Peralejos es un territorio bastante rocoso y abrupto, a diferencia de Las Alisedas que suele ser más asequible y llano.
Mi llegada a Las Alisedas supuso efectivamente un "cambio de paisaje" respecto al visto en Peñalsordo, cuyo entorno eran calles más o menos largas, casas de dos plantas con su cámara o doblado, iglesia y ermita, la plaza principal con su fuente, y mucha gente por la calle, algunas conocidas, otras desconocidas; y como fondo altos peñones, así, el Peñón del Pez -bien visible en todo el pueblo-, el de la Tía Luisa, Peña la Graja, los Agallares y el Torozo; en la finca hay casas bajas desperdigadas entre sí, entre ellas la nuestra, nuestra casilla, pared con pared de la de los parientes Orencio y María, y Alfonsito con el que jugaba; y un caserón central con otras dependencias adosadas, encalado de blanco con un gran rótulo en cerámica pegado a la pared con el nombre de Las Alisedas -era la casa de la dueña y junto a ella la del guarda y la del chófer-. No lejos de la casa, un gran pilar con agua donde se abastecían las caballerías y varios pilones contiguos que se comunicaban y servían a las mujeres para lavar la ropa familiar. Las personas que en aquellos parajes contemplaba yo, si bien la mayoría eran de nuestro mismo pueblo, como dije, suponían un descubrimiento para mí, salvo, obviamente, mis padres (Ángel y Apolonia), hermana (Palmira), abuela (Martina), tíos maternos (matrimonio Daniel y Enriqueta) y primos (Consuelo, Daniel y Carmen). Y cuando en ese mundo que iba conociendo poco a poco e insertándome en él, un día partimos con los mulos por el camino hacia Chillón, y atravesando esta villa, llegamos hasta nuestro nuevo destino en el mismo término municipal, El Peralejo.
La finca de El Peralejo de Arriba o de Chillón: Llegada de los peñalsordeños
A comienzos del pasado siglo, una docena de familias jóvenes con sus hijos muchachos, llegan para descuajar y más tarde cultivar una finca de casi 700 Ha. de monte. Lo hacían en calidad de arrendatarios pero con derecho a compra. Todos procedían de Peñalsordo. Su nombre, el nombre de la finca, Peralejo y Sotogrande, más tarde Peralejo de Arriba o de Chillón y posteriormente se la conocería por Las Cábilas. Había otra finca en su lado poniente llamada Maniantivos y Batanejos, conocida después como Peralejo de Abajo o de Guadalmez, ambas fincas pertenecen en ese momento al término municipal de Chillón (será en 1927 cuando Guadalmez, se ha dicho, adquiera el título de villa independiente de Chillón, quedando un Peralejo en la parte chillonera y el otro en la guadalmiseña). El mismo año que estalla la guerra civil, 1936, los peñalsordeños quieren hacen valer sus derechos y comprar la finca, pero no será hasta 1947 cuando se lleve a efecto y se haga la escritura de compra-venta entre el entonces propietario don Fernando Márquez de Prado y Mendoza, soltero, abogado y vecino de Talarrubias, y varios de los arrendatarios de ese momento con otros nuevos añadidos que pasan a ser también propietarios; entre ellos varios hijos de los primeros arrendatarios, que se habían hecho mayores y estaban casados. La finca se irá pagando religiosamente en parte por el picón y carbón sacados de las piconeras y carboneras a través de tanto árbol y arbusto como había en esta finca llena de maleza y de nivel desigual. Picón y carbón que transportaban en caballerías hasta la próxima estación de ferrocarril de Chillón para su posterior exportación a las grandes ciudades. Los cabeza de familia que decidieron "buscar fortuna" en El Peralejo -otros individuos de la comarca lo harían marchando hasta la Argentina por aquellos años- fueron entre otros:
. Ignacio Zarcero, Agustín Redondo, Francisco Redondo, Manuel García, Candela (varón) Muñoz, Guillermo Fernández, Ricardo Chamorro, Gregorio Díaz Salazar, Pascual Bailón …
Cuando el notario de Almadén, don José Palop Fillol, da fe de la escritura de compra-venta el día 7 de noviembre de 1947, el vendedor es el antes citado don Fernando Márquez de Prado y Mendoza, por un lado, que había adquirido la finca por herencia, y los compradores de la finca son los peñalsordeños:
Joaquín Redondo Salazar, Jacinto Redondo Muñoz, Eugenio Naharro Ruiz-Roso (éste de Chillón), Luis Mora Ruiz, José Almena Corral, Ángel García García, Apolonio Fernández Tejero, Benito Muñoz Tejero, Valentín Babiano Pimentel, Marcelino García Carrasco, Guillermo Fernández Núñez, Manuel Redondo Muñoz, Pedro Pizarro Hidalgo, Ignacio Zarcero Pedrajas y Fidel Redondo Muñoz, añadimos que todos ellos fallecidos. Sus cónyuges se llamaban para la historia o intrahistoria:
Petra Zarcero Jiménez, Encarnación Pedrajas Ruiz, María Mercedes Marjalizo Cabrera, Inocencia Pizarroso García, Carmen García Carrasco, Apolonia Galán Mora, Margarita Águila Serrano, Dolores Pedrajas Ruiz, Victoriana García Carrasco, Paula Fernández Tejero, Herminia Tejero Galán, Vicenta Fernández Tejero, Cándida Corral Corchero, María Mora Mayoral y Luisa Gómez Donaire (ésta es la única mujer que permanece viva). La finca se compra por 133.550 pts. y se divide en 120 partes iguales.
Llegada de mi familia al Peralejo
Aunque mi padre compra participaciones o acciones en esta compra-venta de 1947, cuando vivíamos en Las Alisedas, parte de la familia no se cambió al El Peralejo hasta finales de 1949 y principios de 1950. Andábamos entre Peñalsordo y Las Alisedas. Establecidos en Las Cábilas, ocupamos una minúscula vivienda con dos espacios diferenciados: un hogar, que servía de lumbre sobre el "jogarí" (hogaril), comedor, estancia, y a veces suelo donde extender un "jardón" de paja para dormir en él…, y además otro cubículo que servía de dormitorio y troje con tan sólo una ventanilla y una "jornicha". Era la vivienda que había habitado el predecesor de las acciones de la finca que pasaron a mis padres, además de otra vivienda de parecidas características, solitaria, en un entorno alejado del caserío de Las Cábilas, y que por ello no se podía habitar. El entorno de aquel aposento era todo muy parecido, minúsculas casillas, algunas en línea zigzagueante de una sola planta con bajo tejado de cabios y minúscula chimenea que ahumaba toda la estancia. Al lado de las mismas se encontraban las cuadras para las bestias y también las sajurdas (zahurdas) para los guarros, y los gallineros, recordemos la importancia para la subsistencia de los habitantes del cortijo que tenía la carne de cochino (base fundamental) y los huevos durante todo el año. A decir verdad, había algunas viviendas más amplias, con dos o tres habitáculos que servían a veces de trojes para el grano e incluso un par o tres casas de dos plantas, ocupadas de graneros, excepto una en que sí vivían sus dueños (los Redondo-Gómez), teniendo el granero con sus trojes en la parte alta. Hemos señalado las cuadras, zahurdas y gallineros; pero también hemos de añadir los pajares para almacenar el alimento de los mulos, la paja; y en la calle, algunos rimeros de leña para hacer el fuego o lumbre y calentarse o cocinar los guisos propios en las sartenes y pucheros. De ahí que la mayoría de las familias tuviese necesidad de más de una casilla. Una curiosidad al respecto, es que ninguna de aquellas casuchas poseía corral; no se piense bajo ningún concepto, en un posible patio. De ahí que las personas tuviésemos que hacer nuestras necesidades más perentorias afuera del entorno poblacional. Tal vez algunos, en las propias cuadras con los animales.
La estancia en este cuchitril descrito más arriba, resultó corta en el tiempo, ya que mi padre había ordenado construir cuando llegamos al nuevo destino a unos albañiles de Guadalmez, si bien procedían de Peñalsordo, los Hidalgo, una casa de dos plantas con dos naves a dos aguas. En pocos meses, comienzos de 1950, los albañiles habían cubierto aguas y rápidamente nos cambiamos a la casa nueva; las bóvedas no serían construidas hasta la primavera de 1955, si bien la cuadra estaba cubierta de un piso de madera, sirviendo de pajar para los animales, a la que accedíamos por una escalera también de madera. Durante esos 5 años transcurridos, la nave del fondo sirvió de cuadra para los mulos y algunos años asimismo de gallinero sobre unos rollos atravesados, dos habitaciones para nosotros y frente a la cuadra se encontraba la cocina; en ésta había dos tacas para guardar los alimentos más perentorios y unas cantareras con un pequeño vasar encima; es decir, la vivienda típica de "toda la vida" en Peñalsordo, de la gente sencilla, pero que a nosotros nos parecía un palacio. Algo que eché siempre en falta en aquella casa, frente a la del pueblo, fue que, aunque teníamos cama de hierro, nunca dormíamos sobre sábanas y sí con mantas; en Peñalsordo, teníamos sábanas, aunque la vivienda que habitábamos en la calle San Ildefonso, 26, también era bastante sencilla.
Dos hechos que nos marcaron la vida en Las Cábilas
Aquel mismo verano del 50 sufrimos dos acontecimientos muy negativos en nuestro entorno; uno directamente familiar, el otro afectó duramente a otra familia del poblado. A mi padre se le murieron los tres mulos que tenía (entonces los mulos era el valor más relevante de una familia campesina, después de los miembros de la propia familia), a causa de haber ingerido hierbas venenosas junto al río Guadalmez en la vega del mismo nombre, cuando mi familia trillaba las mieses de la propiedad que teníamos en esa vega entre Guadalmez y Peñalsordo, lejos de El Peralejo. El otro caso, no comparable al anterior, fue mucho más triste y desgraciado para una familia del lugar, los Babiano García. Se trató de la muerte, por apendicitis, de un joven del Peralejo, Santiago, con tan sólo 21 años. Aquellas casillas de unas 20 familias como hemos señalado, que rezumaban alegría por todo su entorno a pesar de las penurias, quedaron como paralizadas ante tanto dolor, acrecentado sin duda en sus padres y hermanos. En Las Cábilas por entonces había bastante juventud con ganas de divertimento; también los niños teníamos ganas de pasarlo bien, y en ese ambiente los jóvenes contrataban músicos en los alrededores del cortijo principalmente Almadén y por ello había baile los domingos en una existente aprendiz de plaza, y donde asistíamos la mayoría de la población. Un día de verano a Santiago le dio un fuerte dolor y pensando que era cualquier cosa sin importancia, con los padres ausentes, se esperó que le pasase pronto. He de señalar que en Las Cábilas carecíamos de agua corriente, luz eléctrica, escuela, taberna, estanco, comercio, de iglesia…, de cura y de médico..., de todo aquello que una sociedad moderna puede demandar. Cuando la familia llevó al enfermo hasta Guadalmez, la cosa estaba muy complicada, y el médico titular del pueblo, don Antonio García-Bermejo, también de Peñalsordo, buen doctor, lo envió a Ciudad Real. Nunca más volvió; allí mismo en el hospital ciudadrealeño falleció. Como comprenderá el lector interesado en la historia de Las Cábilas, la noticia supuso un mazazo, no sólo para la familia del finado, que era muy numerosa entre la población cabileña, los García Carrasco, sino para todos los habitantes de aquel misérrimo poblado. Entonces desaparecieron las alegrías, el jolgorio, el bullicio, las risas y la música de los animosos tocaores con sus bailes "agarraos". Poco antes de estos acontecimientos también mi familia estaba muy afectada negativamente ya que poco tiempo atrás el médico de Peñalsordo le detectó a mi hermana Palmira, una enfermedad cardiológica, que la llevaría en 1955 hasta la tumba. Era la única hermana que yo tenía. Pero como la vida no acaba, queremos seguir enganchados de nuevo a los acontecimientos que siguieron más adelante de la muerte de Santiago. En ese momento mi familia se encontraba en las labores que desempeñábamos en el pueblo, ya que mis padres tenían algunas tierras cerca de Peñalsordo de donde procedíamos como queda reflejado anteriormente, y así, en temporadas de la aceituna, en la recolección de cereales o simplemente en épocas de descanso como la feria, pasábamos mucho tiempo en el pueblo. En esta ocasión así fue y además coincidió con la muerte de los mulos, uno cano, otro negro y un tercero bastante nuevo tirando a colorado. Y otra muerte familiarmente sucedió aquel mismo año de 1950, el 23 de octubre fallecía inesperadamente en su casa de Peñalsordo mi abuela paterna, Juana María García Torres.
Nuevos conocimientos de personas y topónimos
Con nuestra llegada a Las Cábilas tuve que empezar por conocer a nueva gente, aquellas que andaban a mi alrededor y conseguir próximas amistades con los niños y niñas que vivían allí desde siempre en aquellas casillas. Ya sabemos que los niños tienen una gran facilidad para conseguir nuevos amigos. Pronto comencé por saber los nombres de las personas que allí habitaban; obviamente los chicos de mi edad fueron los primeros con los que tuve relación a través de los juegos, tan abundantes y tan divertidos por aquel tiempo en el campo y en el pueblo, sobre todo cuando uno mismo debía tener suficiente maña o ingenio para crearlos y recrearlos. Allí estaban los nuevos conocidos y ya amigos, José y Josefa Babiano, "Pepito" y "Pepita", José García, Francisco y Andrea Almena, Amalia y María Jesús Fernández, Anita Mora, Consuelo, Casimira y Julia Redondo, María Jesús y Félix Zarcero, Juliana y José Antonio Muñoz…, todos de Peñalsordo, y Adoración Chamorro, "la Dora", hija de padre guadalmiseño y abuelo portugués y madre madrileña, de Torrelaguna…, todos ellos más o menos de mi misma edad, y otros muchachos que ya empezaban a criar bigote, también muy jóvenes. Y el reconocimiento de la toponimia de la finca; así, relacionados con el agua, los Maniantivos, el Regil, el Charco de Tino, la Fuente de Ignacio o el pozo, ambos en el valle de la Estación; la fuente Cendrera junto al collado de la Calera; además de las aguas del río Guadalmez, que circundaba parte de la propia finca; los cerros de Betanejos, donde se asentaba el caserío de Las Cábilas, el cerro Tino o de la Vega, la cuerda del Pinar, el cerro del Buey o la sierra y collado de Puerto Ancho; el morro Chorrerón; y los valles, de las Verdolagas, el valle Raso, el valle de las Zorras o Colmenar, la Solana, la Umbría del Carril y los Huertos.
Despertar al mundo de los sentidos
Pero, junto a estos nombres propios memorizados, uno se percataba asimismo del comportamiento de los animales, tanto terráqueos como volátiles, de su natural apareamiento; del color del entorno, del sabor y el olor de las plantas y del tacto, y el despertar de esos sentidos al lado de unas estaciones tan marcadas por un sol de estío abrasador y un invierno preñado de sabañones; pero también por una primavera florecida de mil pujantes colores. Sin duda era aquél un mundo rural en su estado más primigenio, pues como bien dijo el poeta "la infancia es la patria del hombre". O el comportamiento de los adultos que, no teniendo sitios de recreo como las tabernas, se conformaban, al término de su trabajo, por ir a casa de algún familiar o vecino, eso sí, ya lavada la cara, manos y pies, y mudados con camisa limpia, aunque con harta frecuencia estuviese remendada, para enhebrar alguna conversación acerca del propio trabajo cotidiano, duro y consistente, o a contar historias locales y cuentos que hacían las delicias, generalmente y muy principal de los más pequeños. Y también aprendí a usar términos cargados de consistencia semántica, que después no he vuelto prácticamente a escuchar, como niara (almiar), candalecho, parva, granzones, angarillas, cabestro (ronzal), bieldo, hogaño, amelga, segaores, chozas, aparejo (albalda), gañán, botos, obrá (huebra), arrengao o yunta… (Aconsejo al lector para mayor información, la lectura de un bellísimo poemario del oriundo de Las Cábilas, Andrés García Madrid, de padre cabileño y madre madrileña, él nacido en Madrid y criado en Getafe, que iba por allí de joven, titulado "El Peralejo", libro de poesía social, salido de imprenta en 1978 en la Editorial Casa de Campo. Le gustará a ese posible lector; y también mi comunicación en el XXXII Congreso Nacional de la Asociación Española de Cronistas Oficiales, 2006, titulada "Peñalsordo, Getafe, El Peralejo y el poeta Andrés García Madrid (1927-2000) -ésta aparece en internet-).
Y retomo el tema. Todo esto sucedía a medida que aquellos años iban sucediéndose unos a otros hasta alcanzar mis huesos los 14 en que dejaría Las Cábilas y El Peralejo para recalar en 1956 en otro lugar que nada tenía que ver con lo hasta aquí anotado hasta este momento, Don Benito. Como he señalado antes, el trabajo de alza, bina, siega, trilla y recolección lo alternábamos entre el propio Peralejo, mayor tiempo, Las Alisedas y las cortas estancias en el pueblo. Si estábamos algún breve periodo en Peñalsordo, y si no eran vacaciones escolares, me acercaba por la escuela, aunque sórdida y lúgubre como pocas, y donde jugábamos a envido, entera o cualquier otro juego de moda, pero lejos de algún mínimo aprendizaje escolar.
El 3 de abril de 1955 mi única hermana fallecía en Peñalsordo dejando a toda la familia en la más triste y desesperada situación. La vida seguía ciertamente y las faenas campestres no esperaban y había que hacerles frente. Volvimos a Las Cábilas para el trabajo -tal vez la palabra más usada entonces-, a la siega y la trilla, que era lo más próximo. Un año más tarde mis padres, de modo especial por voluntad de mi padre, decidieron enviarme con los claretianos de Don Benito para "educarme", según ellos. El 8 de octubre de 1956 atravesaba el umbral del religioso colegio, donde permanecí 7 largos años estudiando el bachillerato que realicé con buen aprovechamiento. Pero ésta es otra historia diferente, que ya hemos narrado en distintas ocasiones.
Final de una etapa
Desde muy pronto a mi llegada a Las Cábilas, los "cabileños" empezaron por construir sus viviendas en Guadalmez ya que este municipio se encontraba relativamente próximo a la finca. Y aquí sí, aquí había de todo lo que carecía el poblado de casuchas: luz eléctrica, agua próxima, escuelas, comercios, iglesia, médico, veterinario, etc. Así, viviendo yo en Las Cábilas, la primera familia que se traslada hasta la que había sido aldea de Chillón, cuando ha terminado de construir una nueva casa, son los Almena-García, padres y cinco hijos. Y pronto les seguirán otras familias que los imitaron, y que van a aumentar el censo poblacional de la vieja aldea. Prácticamente todas ellas empezaron a construir o comprar viviendas, abandonando las casillas que habitaron hasta entonces durante más de medio siglo. La única familia entera, sólo éramos tres, cuatro si contamos a la abuela Martina, que no tuvo nunca casa en este pueblo fue la mía, y que con el tiempo se trasladó definitivamente hasta Peñalsordo; las demás terminaron por vivir en Guadalmez, y a algunas esta población les sirvió como trampolín para dar más tarde el salto hasta Madrid o Barcelona. Mientras que la mayoría de familias trasladaban su residencia hasta Guadalmez, dos de ellas, los Mora-Pizarroso y los Redondo-Pedrajas, y más tarde los Muñoz-Pedrajas, optaron por construir unas magníficas viviendas en el mismo Peralejo, pero en un espacio llano cerca de los Huertos, entre la Solana y la Umbría del Carril, al lado de la casilla que cité antes heredada por mi padre. Más tarde, los hijos de los primeros se trasladaron uno, José, hasta Peñalsordo; otro, Antonio, a Guadalmez y la hija, Anita, a Almadén; de la segunda familia, el hijo, Manolo, se casó en Guadalmez; las dos hijas, Josefa y Pura, optaron por vivir en Peñalsordo. La tercera familia se trasladó por completo a Barcelona, tras la estancia durante unos años en el nuevo pueblo de acogida.
A medida que aquellas personas se desplazaban hasta otros lugares más habitables, las casillas de Las Cábilas se fueron quedando vacías por dentro y entre los deficientes materiales de su construcción y la falta de habitabilidad, se fueron derrumbando una por una. Hoy parece un fantasma pero sin vida; es como un gigantesco esqueleto de piedra informe, adobes y tejas rotas, donde otras veces hubo vida y bullanga, hoy hay silencio. Los "buscadores de tesoros" se encargaron pronto de recoger los cachivaches que allí habían sido olvidados o tal vez abandonados a su libre albedrío por inservibles; por no quedar, no quedaron ni las viejas y destartaladas puertas de las casillas. No hace mucho tiempo volví al Peralejo de Arriba; habían pasado más de cincuenta años de mi estancia allí, aunque sí había visto varias fotografías por Internet. Con demasiada certeza recordaba dónde habían estado situadas las viviendas de cada uno de sus moradores, con hombres, mujeres y niños, donde ahora sólo podía contemplarse abandono y destrucción. Las lagartijas y otros reptiles "harán de su capa un sayo" entre tanto cascajo. Estuve acompañado por dos convecinas de aquellos años cincuenta, Isabel y Consuelo Redondo y el marido de esta última, Florencio. No pude con todo evitar sentir una cierta nostalgia, no en balde pasé allí 6 años larguísimos de mi propia historia, de los 8 a los 14, posiblemente la edad que más marca a los individuos.
(final de enero, 2013)